Decantar compensa sobre todo con tintos jóvenes y potentes: el contacto con el aire los suaviza y abre los aromas. Con los tintos viejos, se trata de separar el vino del poso, así que aquí sirve con cuidado y poco tiempo. Muchos vinos del día a día no necesitan decantador: abre la botella, espera diez minutos, listo.
Cuando el vino se encuentra con el oxígeno pasan dos cosas: se disipan notas volátiles, a veces algo mohosas, y los aromas se despliegan. Con tintos jóvenes y tánicos, el oxígeno además suaviza los taninos, así el vino se siente más redondo y accesible. Es lo que la gente llama dejarlo respirar.
Pon la botella de pie unas horas antes para que el poso se asiente en el fondo. Luego vierte el vino lento y firme en el decantador. Con los vinos viejos, sostén una fuente de luz tras el cuello para ver cuándo llega el poso y parar a tiempo. Un decantador está bien pero no es obligatorio: en un apuro, una jarra sirve.
Si tu vino necesita aire depende de la añada, la uva y la estructura. Escanea la botella con VinoSomm o pregunta al chat sommelier. Te dirá si decantar merece la pena y durante cuánto tiempo.
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