Lo que mejor va con la fondue de queso es un vino blanco seco y de acidez alta, clásicamente un Chasselas (Gutedel) suizo, o si no un Riesling seco o un Grüner Veltliner. La acidez equilibra el queso fundido y el vino blanco de la propia fondue. Y lo mejor de todo: bebe el mismo vino que pones en la fondue.
En esencia, una fondue de queso es queso fundido con vino blanco y un chorrito de kirsch. Es rica, sabrosa y grasa. Un vino de acidez nítida contraataca, eleva el paladar y vuelve a dejar fresco cada bocado. Un tinto pesado con tanino, en cambio, choca con el queso y se torna amargo enseguida.
Una vieja regla de mesa dice: con la fondue bebes el mismo vino que le pones. No es casualidad. Da un conjunto coherente y redondo.
En los Alpes persiste la creencia de que no debes beber nada frío con la fondue, porque el queso se apelmazará en el estómago. No tiene base científica. El vino blanco ácido, de hecho, ayuda a la digestión. Un poco de kirsch entre medias es tradición y no hace daño, pero no es obligatorio.
Qué vino concreto te va depende de tu gusto. Con VinoSomm escaneas una botella o la carta de vinos y ves al instante si encaja con la fondue y contigo.
La base de todo es tu perfil de gusto: crece a partir de tus valoraciones y convierte las reglas generales de arriba en una recomendación personal con su afinidad, así no será un Chasselas cualquiera, sino el tuyo.
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